Friday, 26 February 2010

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Lo de ser un pequeño punto en la extrema magnitud del mundo, puede desarrollarse para que suene peor, porque serlo conlleva muchas otras cosas. Conlleva ser un activo más en las estadísticas, por ejemplo en la de jóvenes, catalogados de poco inteligentes (en los mejores casos), que algún que otro sábado salen a beber litros y litros de alcohol para luego vomitarlos en las alfombras de seda que sus madres compraron en Nueva Delhi (también en el mejor de los casos) o amenazarse con ballestas y acuchillar a ancianos (¿es redundante decir que esto es en el peor de los casos?), aunque tú no hagas lo último y justo el día en el que realizaron el recuento para la estadística, vomitaras en la alfombra de lana nepalí que fue adquirida en una subasta, no importa, estarás representado en el porcentaje de los que no. No hay escapatoria a la estadística. Otras cosas a las que conlleva lo de pequeño punto, es que Inditex cuenta contigo cuando produce un millón de jerséis iguales; que por diminuta que seas, aumentas el calentamiento global y eso es muy grave porque el mundo comenzó a existir un día para existir por siempre y estaría muy mal que fuera el calor globalizado lo que lo detuviese; que siempre habrá alguien más guapa que tú (discúlpame Julia [Roberts]) y alguien más feo (ay, he pasado por alto que eres Picio), también alguien más inteligente (lo de Edison no tiene tanto mérito, era fácil destacar en una época en la que ni la bombilla estaba inventada) y más memo (tampoco hace falta especificar), así como alguien más asquerosamente rico que tú (Bill Gates no cuenta como humano) y alguien más infinitamente pobre (sí, los niños que se mueren de hambre sin nombre son, o fueron, alguien), lo de memo, pobre y feo es importante considerarlo porque no podrás decir nunca honradamente: ¡oh, Dios mío, soy el ser más memo de toda la faz de la tierra! Ni:¡claro que merezco esa beca, no existe nadie más pobre que yo! Ni tampoco: ¡Pero cómo voy a gustar a Nicole Kidman, soy la persona más horrible de toda la historia, no estoy a su altura estética! Porque puesto a ser desgraciado, lo interesante es serlo el más.

Más asuntos que derivan de ser un pequeño punto: tener que producir un kilogramo de basura al día, si vives en un país desarrollado, y entre 400 y 700 gramos si lo haces en un país en vías de desarrollo; no poder tener más de un hijo varón si eres chino; y la tentativa posibilidad de creer poder convertirte en artista para así poder escapar de la mundana ordinariez de ser igual que los demás, y escribir algo; aunque ya existirán cinco películas sobre el mismo tema, setecientos millones cuarenta y tres mil habrán considerado la idea de escribir sobre el mismo algo que tú, pero se habrán sentido perezosos para llevar a cabo la idea (otra vez un pecado capital es útil; ahora, para salvarte de ordinariez extrema), ciento sesenta y ocho publicaron un libro que tocaba el tema solo de pasada, setenta y dos fundamentaban en ello su obra, pero afortunadamente, cuarenta estaban mal escritos, por lo que sí; si publicaras un volumen sobre algo como tema de partida, no serías extremadamente ordinario, sino ordinario a secas.

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Thursday, 25 February 2010

HANDS WILL CLAP




Marina Alonso en las fotos
Valencia, 2010

Wednesday, 24 February 2010


1. Una de las muchas frases
que se me ocurren y apunto
o dibujo en mi cuaderno
a lo largo del día.
2.Una foto que hice en Navidad
a mi amiga Marina.
3.Canción del día.

Tuesday, 23 February 2010

Es más fácil permanecer en silencio que arriesgarse; pero es más aburrido el silencio, que el riesgo. Es más doloroso no saber qué podría haber sido si te hubieses arriesgado, a sufrir por el recuerdo de lo que fue. Y aún más doloroso, es conocer esas dos situaciones: en la que me arriesgo, y en la que me quedo callada; y aún con ello, resignarme, aferrarme a no ser yo la que tira la primera piedra, y la que se queda sin guerra.

Tuesday, 16 February 2010

END TOPIC, THANKS!


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¡Muchas gracias Le Mariais!

Monday, 15 February 2010

Ahora recuerdo mi arjé de la infancia: yo. Era claro que el mundo existía porque yo existía. De hecho resolvía grandes vacíos de la Historia de la Filosofía de la forma más sencilla que nadie hubiese podido imaginar. Toda la existencia se limitaba a mi visión, lo que yo no había visto o mi madre (nacida exclusivamente para parirme a mí, centro del universo; que habiendo parido algo tan supremo como yo, la verdadera esencia, no podía decir ninguna mentira) no me había contado, sencillamente no existía.
Ejemplificaré para solventar cualquier duda que haya podido quedar. Si yo iba al colegio, y veía a dos niños pegándose y pensaba: no entiendo por qué se pegan de seguido me afirmaba a mí misma: se pegan, para que yo piense por qué se pegan. Si la profesora escribía la fecha en la pizarra (no sé por qué siempre que rememoro la escuela primaria, la primera imagen que me viene a la cabeza es la de mi profesora escribiendo la fecha en la pizarra), la escribía para que yo la viera, pero hacía el papelón de ser profesora de todos por no quedar mal, ni yo me creyese demasiado, que a fin de cuentas, era una lección que tenía que enseñarme. Mis compañeros, tenían la principal función de ser mis compañeros, que luego tuvieran vida propia, era ya otra historia. Cuando estaba enferma y me quedaba en la cama, pensaba que ensayaban para comportarse adecuadamente cuando yo estuviera. Aunque tampoco exageremos, esto lo habría pensado un par de veces y punto, a mis seis años la existencia me importaba un rábano, yo estaba demasiado ocupada existiendo. No obstante, esa teoría era bastante admisible, considerando que era absolutamente insensible y un poco sociópata, era capaz de pensar, por ejemplo, que la gente que salía matándose en una guerra en el periódico de mi padre, se mataba para que yo viese que la guerra existía...
Tampoco voy a ser tan dura con el yo de mi infancia, estoy olvidando que tal vez ni siquiera hubiese asumido lo que significaba “morirse”, ni “dañar”. Para mí una herida era algo que solo afectaba a la piel, que tapando con una tirita, se sanaba al cabo de unos días. Y a mí ningún niño, ni ninguna niña, me había empujado. Solo yo tenía la facultad de caerme al suelo cuando corría, y hacerme heridas, y era el único motivo posible por el que se podía llorar, y encima venía premiado de una sesión extra de mimos maternos; pues por supuesto, era mi sagrada madre, con su única función existencial de parirme y hacer por mí desde ese momento todo cuanto yo pudiera necesitar, la que me ponía las tiritas. Y encima las mías tenían ilustraciones estampadas y no eran tan sosas como la de los otros niños. Anécdota: más de una vez, mi madre me encontró llenándome el cuerpo de tiritas sin tener yo ningún mal. No era culpa mía que ella comprase las más bonitas.
Consideraré también, habiéndome dado cuenta justo ahora, que yo no era mi única fuente de felicidad, no eran mis decisiones las únicas que me afectaban: eran las mías y las de mi madre. Pero solo esas, y ninguna más. No obstante, evidentemente, las mías tenían mucho más peso. Que mi madre me mandaba a dormir y yo tenía que obedecerla sin rechistar, no pasaba nada. Ya encontraría yo una voz interna que me diera la razón. Y así era, mi voz interior me decía no te preocupes, necesita mandarte a la cama para sentirse mayor y poderosa. Porque en el fondo es mayor y poderosa, pero no más que tú. Fíjate si es conformista la muy ingenua, que le basta con que te acuestes sin decir nada y no tiene ni idea de todo esto que estás tú aquí pensando. Por su puesto tu estás por encima. El pensamiento es libre, a la vista está. Así era muy fácil tener razón siempre en todo, y por supuesto, yo la tenía. No hacía ningún mal al mundo si le daba lo que esperaba de mí, mientras que en el mío interno donde también regía el yo, con la única diferencia de que no tenía que andarme con rodeos, sino que todo partía de mí para mí, hacía lo que me daba la real gana, y lo interpretaba todo a mi gusto. A fin de cuenta, quien mejor para darme la razón que yo misma, que era el ser supremo y mi esencia era mi existencia. Desde luego, el que discute es porque quiere. O porque valora a los demás más que a sí mismo. Qué más dará lo que hagan los demás, si eres consciente de que tú haces lo correcto. Por supuesto, esta idea también deriva de no sentir nada por nadie, y no preocuparte que alguien a quien estimas pueda equivocarse y pasarlo mal, o que le corrijas alguna una idea que tú consideras errónea, con el fin de resolverle algún problema futuro. Qué más dará lo que piense, si para mí sus ideas tienen un valor igual a cero, ya me encargaré yo de convencerme a mí misma interiormente, de que soy yo la que camina en la dirección correcta.
El egocentrismo, se me habría quedado corto. La única que me preocupaba además de mí, era mi madre, que además de haber nacido para parirme, era la perfección personificada; pero con la perfección no se discute, a la perfección solo se la imita. Así que, aunque acogiera con poco agrado algunas indicaciones de mi madre, en el fondo intuía que tenía razón.
La verdad es que con esta dinámica de vida, era fácil ser feliz ante cualquier circunstancia. Yo, yo y yo, y una leve presencia de mi madre, con la que era muy fácil convivir porque no solo era perfecta, sino que encima, me adoraba, y sabía que a ella le gustaba que yo también la adorase, y no me tomaba ninguna molestia en disimularlo porque eso acrecentaba el amor recibido. Lo que se dice, una buena empresa.
Era una niña mimada, aunque tampoco era difícil mimarme. Yo no daba problemas, estudiaba todo hasta el final, y además con interés, porque aprender me resultaba divertido, era un entretenimiento como otro cualquiera. Lo mismo era cantar la tabla de multiplicar, que el patio de mi casa. Ambas eran canciones que había que aprenderse, y la primera además de canción era práctica, y a los mayores gustaba. Habría sido de idiotas, decantarse por la segunda, que también me la sabía por si acaso.
Me gustaba leer más que ninguna otra cosa, y mientras que otros niños piden consolas y otro tipo de artilugios a sus padres. Para los míos, era muy fácil mimarme comprando colecciones y colecciones de libros, desde la de El barco de vapor, primero la serie azul, luego la naranja (a la roja nunca llegué porque me aburrieron los libros para niños antes de la cuenta) a clásicos universales.
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Descubriendo en mí a tal déspota, sorprenderá saber que sí que jugaba con los otros niños. No tenía amigos, pero desempeñaba mis funciones de niña a mucha honra. No todos los niños tienen amigos, y no todos tienen interés en tenerlos.

Friday, 12 February 2010

There is no more.

Wednesday, 10 February 2010

Yo me llamo Rojo, pero este es un secreto que nadie sabe. Me llamo Rojo aunque Rojo es un nombre de niño, y yo soy una niña. Nadie sabe que me llamo Rojo, excepto yo; por lo que cuando nací, mi madre comenzó a llamarme de un modo distinto al mío, llegando incluso a creerse que ese era mi nombre (tampoco puedo culparla, nunca le he dicho el verdadero) y hasta yo a veces me equivoco, y de tanto presentarme, como mi madre quiso presentarme al mundo, creo que ese es mi nombre. Pero no. Yo me llamo Rojo. [...]