Fragmento de mi diario.
El ambiente no puede ser más cálido, salir a la calle asfixia. Al medio día, fui a comprar algo de fruta (a menos de diez céntimos de euro la sandía) y vi como unos niños freían huevos sobre el pavimento de la acera, luego salía una abuela y les reñía, salían todos corriendo.
Por la mañana temprano fui con mamá, Paco y Meli, a ver a los guerreros de terracota. Decir aquí temprano, significa levantarse a las cinco, pues es a esa hora cuando comienza a amanecer; y hay tanta gente adonde sea que vaya una, que si quiere verse algo tranquilamente, no hay otra forma que levantarse la primera, e incluso así.
De todas formas, había una excursión de niños de un colegio en nuestra planta, y las recepcionistas,- que no se enteran nunca de nada, ni aún ayudándonos por nuestro manual de chino mandarín-, nos han despertado llamando y gritando en la puerta, como al resto de niños.
Los guerreros eran muchos, y muy parecidos. A las nueve ya hacía calor, y yo tenía sueño. Así que mientras mamá y sus amigos paseaban de un pabellón a otro, yo me senté en un banco y me quedé dormida con la cabeza apoyada en la pared. Cuando me desperté un chico no mucho mayor que yo trataba de venderme postales, nos sonreímos, era guapo; luego le dije "I've no money", y la verdad es que para lo insistentes que suelen ser, se marchó en seguida.
Por la tarde me quedé en el hotel, porque seguía haciendo demasiado calor y últimamente se me baja la tensión con mucha facilidad. Este hotel es mucho más aburrido que cualquier otro de en los que he estado en los últimos días. Las recepcionistas, chicas, son siempre las mismas, las que me despertaron por la mañana, no hablan nada de inglés, sino un chino muy alto, como si así fuese yo capaz de entenderlas. Y además de los niños, que están todo el día fuera, no hay ningún huésped. Así que no tengo con quien practicar mi chino de manual de viaje.
Cuando salgo de mi habitación, hay un pasillo bastante oscuro y triste, y al final del pasillo a la derecha, una habitación con la puerta entreabierta, donde la televisión siempre está encendida y la luz apagada, por lo que la única iluminación que queda es la de la tele, y siempre que me acerco un poco a mirar, veo unos pies de hombre sobre la cama, y debajo de la cama, miles de trastos que sobresalen.
Cuando terminé de leer lo único que me quedaba por leer en una lengua legible para mí (un periódico en inglés de hace más de una semana) . Llamé a mamá para cenar.
Fuimos cerca de la muralla de la ciudad, que estaba toda iluminada, y justo en las puertas, unos ancianos tocaban unos tambores inmensos mientras gente de toda clase y edad que bailaba ordenadamente en círculos, con unos paraguas y abanicos de seda de colores. No muy lejos, también había un grupo de familias que cantaban reunidas, muy alto, y la mayoría con la mano en el pecho. Parecían himnos patrióticos, aunque realmente no sabría determinar qué eran.
Un señor mayor, -bastante afeminado, por cierto- se acercó a mí, y entre el ruido, casi a gritos, me decía "hey, girl, where are you from?" Me contó que había vivido durante los últimos treinta años en Nueva York, pero que había vuelto a pasar las vacaciones a su ciudad, y me recomendó que visitase el barrio musulmán, tal vez mañana vaya.
Al final hemos cenado unos pinchitos con mucho picante y chips con sabor a pepino, en una terraza dentro de un parque. Los chicos que hacían los pinchos jugaban con unas fichas de maderas redondas, muy grandes. Todo el mundo parece divertirse jugando a eso. Me encantaría aprender.
Tras la cena, rogué (pues no le agrada nada que me mueva sola por la noche en este país) a mi madre que me dejara acercarme a donde una gente bailaba. Había luces de disco colgadas de un árbol, y todos bailaban en fila, ordenadamente, siguiendo los mismos pasos. Como una marcha militar. Me habría gustado que alguien me enseñara a hacerlo, pero todos me miraban mucho y nadie decía nada, así que cuando me aburrí de ser una intrusa, me marché.
Hace un rato que he llegado al hotel, las recepcionistas han intentado comunicarnos algo que ninguno de los tres ha sido capaz de entender. Luego han hecho un gesto como queriendo decir que el asunto carecía de importancia.
Cuando he ido a cepillarme los dientes, el baño me ha parecido muy tétrico, incluso me ha dado un poco de miedo, y he estado haciéndome fotos en el espejo.
Ahora veré ETE, que lo emiten en el canal de aprender inglés.
Creo que tengo la mente demasiado limpia, no tengo en qué pensar, y eso a veces eso me trae recuerdos. Echo de menos a X.; siento necesidad de estar más cerca. Es curioso recordarle ahora, cuando en mi vida ordinaria apenas pienso, o apenas tengo tiempo para pensar, en quién está lejos. Qué hará, allí en su casa. Seguro que allí está amaneciendo.