Sunday, 28 December 2008

Tuesday, 23 December 2008

Saturday, 20 December 2008

The game we used to play

Rosa Beiroa, Cádiz 08

Ciudad soñada

[...]
La tarde siguiente a la que celebré que cumplía siete años era la de un domingo en la que por un motivo que o bien no recuerdo o bien me fue completamente ajeno, ninguna de las cuidadoras estaba en casa. Estaba en la casa de Madrid. Papá había salido a un almuerzo y aún no había regresado. Por aquella época Marcos vivía en un colegio en Londres. Me encontraría posiblemente a cargo de la cocinera, o de algún otro miembro del servicio que andaría ocupado con una tarea que requería la atención suficiente como para no reparar en mi ausencia. Tenía un plan. Me fui al jardín, a la zona que quedaba más alejada, entre un árbol y la casa de madera donde guardaban las herramientas de jardinería. Con un palo tracé en el suelo un cuadrado de seis pies de longitud por cada lado. Comencé a cavar, desde el centro hacia afuera; primero con las manos, y cuando al cabo de las horas comenzaron a dolerme me ayudé con los pies, empujaba la tierra con los talones y seguía usando las manos para sacarla del hoyo, que cada vez era más profundo. Mi propósito era llegar a la China. Había leído reciénteme a Jules Verne, Viaje al centro de la tierra (la literatura fue mi amor más temprano) y había comprobado la esfericidad del planeta en varios libros de astrología. De mis lecturas pude sacar en conclusión que para viajar a cualquier lugar lejano bastaba con cavar lo suficiente hasta atravesar la tierra y aparecer al otro lado. Para mi sorpresa, no era a China hacia donde me dirigían mis esfuerzos, sino a la irremediable muerte de mi fantasía. Pero yo, inocente, seguía cavando.

Ya había oscurecido, tenía los bordes de las uñas ennegrecidos, la piel llena de rasguños, el color de mi vestido había pasado del blanco a un marrón grisáceo, había llegado hasta una capa de tierra prácticamente inamovible, distinta a la que ya había retirado. Mi hoyo no era más profundo que la distancia entre los pies y mi cintura; (ahora me sorprende como pude llegar tan lejos, posiblemente se tratara de tierra blanda para plantas) no obstante, al sentarme, la cabeza me quedaba a nivel del suelo, y podría decirse que eso convertía aquel lugar en un refugio perfecto. Allí sentada y escondida del mundo me quedé reflexionando. Estaba claro que algo se interponía entre China y yo, y la primera señal estaba en el suelo de mi pequeña sima. Decidí que sería mejor abandonar el plan por el momento, e idear uno nuevo que pudiera resultar más efectivo. Si bien no podía llegar a mi destino, aquel espacio se había convertido en un refugio ideal para mi uso exclusivo, donde podría guardar tesoros y esconderme para leer liberándome de las miradas atentas de las cuidadoras. Feliz con mi nuevo refugio, busqué una linterna en la casita de madera y tan pronto como la encontré me senté a leer allí, justo en el espacio que quedaba entre mi casa y China. No había pasado del primer capítulo de mi libro [20 ooo leguas de viaje submarino (la cosa iba de aislamientos)] cuando me encontró la cocinera. Sin decir nada, me tomó de la muñeca izquierda y tiró de mí hasta llegar a casa. Mi padre esperaba ante una de las puertas traseras. -Aquí tiene a la niña- dijo Ana, que así era como se llamaba, a mi padre. Yo me sentí incómoda, me molestaba cuando no se referían a mí por mi nombre.- Hija mía, ¿dónde estabas? ¿cómo nos das estos disgustos? – fue todo lo que dijo mi padre. Yo no contesté, no entendía que había de malo en querer alcanzar China, pero sabía de ante mano que ninguna respuesta sonaría convincente y todas serían en vano. Me bañaron, y me acostaron sin cenar. Mientras me enjabonaba el pelo, Ana dijo que de ser hija suya me habría dado una bofetada para que aprendiera, porque yo estaba muy malcriada y siempre hacía lo que me venía en gana sin pensar en nadie más que en mí. Yo sentí pena por ella y no dije nada. Sabía que decía aquello por miedo y rabia, no porque lo pensara realmente. No llevaba demasiado tiempo trabajando en casa y debía de temer que le aguardara una riña de mi padre. Aún no sabía que él era prácticamente inmutable.

De mi hoyo no se volvió a mencionar nada, al día siguiente lo encontré tapado y al cabo de un par de días habían plantado encima flores rojas y amarillas; rojas en su mayoría y algunas amarillas, como los colores de la bandera china, porque realmente aquella era la entrada a la ciudad soñada.

[...]


Carlota y Victoria Entrecanales. Camino de La Marina (Mallorca) 08

Wednesday, 17 December 2008

Evolutive shirts


La semana pasada estuve en evolutive shirts, un evento que tuvo como fin promocionar el trabajo de la piel en Ubrique a través de diseñadores andaluces, y que se celebró en el hotel Alfonso XIII de Sevilla.
Participaron nueve diseñadores: Solitas, David Delfin, Laura Domort, Roberto Diz, Vanessa Aller, I went to Las Vegas, Hansel i Gretel, Antonio Garcia y Juana Martín.



Hubo muy buen ambiente, muy buena música, y mucha gente simpática y guapa. Lo pasamos bien requete bien.









En el próximo número de Spy, ¡más y mejor sobre el evento!

Sí, sí, sí

Photobucket

Wednesday, 10 December 2008

Colección de frases que no dije para que aún seas mi amiga

I
No y no. Y cuando yo digo que no, es que sí.
Pues sí. Miento, y miento bien. Y tú, vas y te lo crees.

II
Estúpida. Borde. Imbécil. Serás cerda. Y qué te crees, mirándome así. Y qué te has creído maldita imbécil, con esa cara. Serás estúpida, y borde, e imbécil. Y guapa, con esa cara. Y qué narices haces mirándome así. Vuelve a mirarme así y te escupo. Estúpida, vuelve a mirarme así y te muerdo. ¿Te he dicho alguna vez que no he visto nunca a nadie con esa maldita cara? ¿Sabes que nunca he visto a una niñata tan guapa como tú? Pues mira, que eres tonta. Y que te zurzan. Niñata, eres tonta y estúpida. Pues mira, que a lo mejor hasta te odio. Pues mira, que a lo mejor hasta te quiero un poco. Que te he dicho que como vuelvas a mirarme así, te escupo. Imbécil. Que voy a morderte. Que te odio, que te quiero, que te muerdo, que te escupo. Maldita guapa, imbécil, estúpida. Niñata. Serás guapa, estúpida e imbécil.

III
Lo peor es que se acaba. Y yo me preguntaba cómo de grande o de pequeño sería ese espacio que quedaría entre el principio y el final. Y terminó pareciéndome corto, o largo. O largo y corto a la vez. No sé.

IV
Me duele un poco –casi mucho, de hecho- cuando me pinchas con el tenedor. Pero no lloro, ni te digo nada. Porque luego te enfadas, y me vienes con que si cucharas, si cuchillos, o si palillos chinos. Vamos, que mejor me callo; que si no, terminas muerta de hambre, porque a mí todo me duele casi mucho, y tú piensas que comer con las manos es muy grosero.

V
Que nuestra historia nunca deje de escribirse, que nunca haya un punto. Eso redactaste. Reitero: que nuestra historia nunca deje de escribirse, que nunca haya un punto [punto]

VI
Y encima ahora se pone a llover, y me he tropezado dentro de un charco. Por tu culpa.

VII
No se llora para; se llora por.

VIII
Castigada y sin cenar. Así deberías mandarme a la cama. Que nunca termino los deberes, y a los mayores no se les contesta.

IX
Sábado. Tú y mi tristeza os ponéis guapas; y yo, sin peinar, me quedo en casa.

Tuesday, 9 December 2008

DIWAN art and music


¡Ya está listo el nuevo myspace de Diwan ! ¡Pásate a echar un vistazo!

Monday, 1 December 2008