Tuesday, 26 February 2008

El juego de la bañera

Son más de dos días los que Yera y yo llevamos encerradas en esta habitación provista de la luz tenue de una pequeña lamparita durante la noche y de la que se cuela a través de la persiana en el día.
El aire está cargado de un intenso olor a cerrado y sudor, lo he comprobado hace unos minutos al regresar del baño.
Fui al servicio a lavarme la cara e intentar así despejarme. Tras hacerlo, me senté en water más por sistema que por necesidad y me dediqué a pensar; debió pasar mucho tiempo porque pude analizar mi situación varias veces y desde distintos puntos de vista, y al cabo de un rato Yera vino a buscarme preocupada.
Me levanté mientras ella me observaba apoyada sobre el quicio de la puerta; fui a agacharme para recoger las braguitas que se habían deslizado hasta el suelo, y en apenas un par de movimientos fugaces que ni siquiera pude percibir, Yera se había deshecho de mi prenda y me besaba el cuello intensamente.
Hicimos el amor dentro de la bañera ovalada, vacía, sin agua. De nuevo su tacto, su respiración agitada, sus manos atrevidas; mi nariz escondida en su cuello buscando su aroma y ocultando mi expresión de placer, en un ángulo perfecto para observar como se entre abrían sus labios dejando escapar suspiros.
Pasamos una o dos horas abrazadas, respirándonos sin decir nada. Hasta que decidí llenar de agua la bañera.
Ella se había incorporado, permanecía sentada con las piernas entrecruzadas y estrechadas cercanas al tronco, rodeadas por sus brazos. Me coloqué detrás y jugué a enjabonarle el pelo mientras reíamos.
Regresamos de la mano a la habitación y sufrimos el contraste de nuestro olor a jabón con el del sudor atrapado en sábanas en la habitación.

Monday, 25 February 2008

Cadena global de singulares incidentes


En una tarde de primavera, exactamente en la tarde del día 14 del cuarto mes del año, abril.
Los ojos de Joan se llenan de lágrimas tras ver el cinco que ha obtenido en su examen de matemáticas, el líquido difumina su alrededor, lo que le imposibilita la visión y a causa de esto pierde los interesantes incidentes que se acechan hoy en el patio de recreo.
Hay partido de fútbol, los de quinto contra los de sexto curso. Un niño corre, chuta el balón y este se eleva restallante hasta llegar a la portería, allí espera el portero, Julio, un espléndido jugador, el mejor de todos los que han competido en ese campo; se tira a por la pelota, cae al suelo y la esfera atraviesa la línea blanca del suelo. El niño que había chutado salta, alza los brazos y grita gol. Julio se levanta, le sangran las rodillas, llora, pero no por sus rodillas, si no por el balón que no frenó. No dice nada y se marcha lentamente del terreno de juego, entra en el edificio y camina hasta la enfermería, allí, el enfermero coge la mercromina y un pedacito de algodón. Lo que no saben es que ese trocito de algodón antes de ser sometido a los adecuados tratados de desinfección y de higiene absorbió una lágrima de una chica camerunesa de un pequeño pueblo, de Kozalocated, lloraba porque un mosquito, y no uno cualquiera, un mosquito anopheles infectado con plasmodium picó hace unos meses a su hermano y este contrajo la malaria, Salem, que así se llama, ha dedicado su vida a detectar minas antipersonas, minas antipersonas que explotan ante los pies de cualquier despistado que se atreva a pasear por los campos. Ésta es la preocupación de Benoît, un buen señor francés que ha decidido marcharse de su país y prestar ayuda humanitaria a uno de estos lugares donde las minas no favorecen precisamente al desarrollo de la población. La marcha de Benoît ha sido la causa de que el pequeño Guillaume, su hijo, se haya convertido en un niño enmadrado y con excesivos mimos, desde que se fue, su mujer se dedica única y exclusivamente al niño. Es un asunto que preocupa a la psicóloga del chico, tal es su preocupación que no le concedió una cita al hombre incapaz de aceptarse así mismo, al que le disgusta su cuerpo, está tan disgustado que desde hace mucho no tiene sexo con su compañero sentimental, Imanol, un chico sensato, un centrado ingeniero que a causa de la falta de cama está inquieto y es incapaz de terminar los planos de la nueva carretera. El retraso de esta construcción se comenta hoy en el informativo de las dos y es motivo de inspiración para escritor fracasado que se siente lo suficientemente inspirado para crear una aburrida historia con la que intentará aclarar las causas del incidente.
Y así, cada detalle, se une a una interminable cadena que comunica todos los hechos, todas las catástrofes.
Mañana quizás sea un díez, o un gol de Julio, puede que no estallen más minas antipersonas porque ya lo hayan hecho antes, también podría ser que Imanol cambiase de pareja. Todo ello acarrearía una serie de consecuencias que afectaría al resto, al desarrollo de Kozalcated o a la madurez de Guillaume, podría ser también que el escritor fracasado lo relatase y convirtiese su obra en un best- seller.
Quién sabe.




Sunday, 24 February 2008

El invierno ya se ha pasado

y es triste ver como tus fantasmas destruyen las letras y no eres capaz de escribir dos frases que hablen de lo que llevas dentro, ni tomar una fotografía que parezca hecha por ti. Y que ante el mundo esto no suponga ningún problema.

Tuesday, 5 February 2008

Ante el dolor del mundo

Ante el peligro de extinción de la tortuga marina y de la ballena azul
ante las inundaciones de Sudamérica
ante la fuerza del viento capaz de causar un accidente de avión con sus respectivos muertos
ante el fallecimiento Ignmar Bergman y la de los artistas sin gloria
ante la subida de precio del petróleo y de las margaritas en la plaza de las Flores
ante el sufrimiento del hombre que vive entre rejas como consecuencia a su lucha por la libertad de expresión.

Que tú y yo ya no buceemos de la mano en el mar sin miedo a extinguirnos
que recuerde la mañana en la que me despertaste a las siete y recorrimos la ciudad inundada en charcos
que ya no matemos minutos estudiando ingeniería aplicada a los aviones de papel
que ya no me beses mientras hacemos como que miramos un film
que no deba comprarte margaritas y
que me autocensure la idea de pensar que aún te quiero

resulta totalmente irrelevante.


Sunday, 3 February 2008

El escenario de la historia de Óscar

En Martín Antolinez, hay tal densidad de edificios en tan poco espacio que vistos de lejos pareciera que son un solo bloque inmenso, sin calles ni plazas, impenetrable.
Un espacio donde se aglomera la población menos adinerada, que no menos afortunada.
El lugar al que llaman barrio marginal.
El barrio marginal es el hogar de putas, drogadictos, criminales, emigrantes sin papeles, estudiantes valientes, de sin techo que se refugian en las plazas invisibles para los que miran desde fuera, pero existentes; y sobre todo de un gran número de familias numerosas con un solo sueldo humilde.
Los suburbios se sitúan en la periferia de la gran urbe, a la izquierda de la carretera que lleva a la autopista. Si se toma como parte frontal del barrio la zona que mira a la carretera; a su derecha, entre humos, formando un paisaje singular, se agrupa con otras industrias la fábrica de tabacos que aromatiza con alquitrán toda la zona.
A la izquierda siguiendo el orden anteriormente establecido, desechos, montañas de basura y destrozos.
En la parte trasera: el vacío sobre un suelo de albero y un pequeño parque con olmos secos, sin hojas, brillantes por la resina que derramaron al ser grabados sus troncos con corazones, pseudónimos y otras palabras. Hay también cuatro bancos, uno de ellos sin respaldo, y un tobogán cuyo óxido descascarilla la pintura que le dio color rojo en otro tiempo.
Las calles tienen nombres de ríos nacionales, existe una distancia de aproximadamente dos metros entre una y otra.
La “Plaza del mar Mediterráneo” no es siquiera una plaza, quizá una plazoleta, conocida de forma coloquial como “donde los sin techo”.
No hay taxista que traiga a aquí. No está incluido Martín Antolinez en el itinerario del metro, ni tampoco del bus. No hay apeadero de tren cercano.
No existe servicio de correo.
Las noticias del mundo exterior llegan en ondas hertzianas para ser recibidas y transmitidas por las miles de antenas que pueblan los tejados.
Suenan la radio y la tele.
Sí que hay línea telefónica, aunque no capital para grandes facturas.
Independiendo de todas estas desfavorables condiciones, Martín Antolinez es, al fin y al cabo, una zona urbana más de la ciudad.
Aquí los ciudadanos desempeñan las funciones que cualquier otro: ríen, rezan, lloran, hacen el amor, trabajan, estudian, están en paro, regalan, roban, duermen, sueñan, juegan, ven la televisión, leen, comen y beben, queman algún contenedor, se enamoran y una infinitud más de tareas.