Saturday, 28 July 2007

EP3 Punto de encuentro

Cada viernes mi padre vuelve contento de comprar el periódico y me entrega EP3, el suplemento de actualidad cultural, orgulloso de disponer algo que me entusiasma.
Los días que no hay suplemento, me dedico a husmear el periódico mientras mi padre lo lee, y continuamente realizo objeciones por lo general despectivas y él asiente a todo lo que digo, aunque tengo muy claro que no oye absolutamente nada sumido en su lectura. Así, los días que hay EP3 entiendo que, mi padre, además de proporcionarme algo que me entusiasma más que la política y la economía, se regala a sí mismo entre unos quince y veinte minutos para poder leer su periódico sin cargar conmigo. Aunque en seguida noto que me echa de menos y empieza a discutir él sólo con lo redactado mientras yo le doy la razón sin escucharle. Nos encanta hablar y que nos den la razón digamos lo que digamos y tener el privilegio de aprobar las palabras del contrario sin tener que analizarlas.

En EP3 siempre me dejo la misma sección para el final, “punto de encuentro”. Después de ponerme un poco al día voy a la tercera página en busca de ella y leo todos los anuncios esperando encontrar alguno que me entusiasme lo suficiente como para contestar. Son todos muy peculiares, atrevidos buscadores que comentan desde una casualidad en el acceso al metro de Callao hasta el deseo de organizar una orgía gay, breves pero bien escritos.
El caso es que nunca respondo, pero siempre me anima a salir a la calle y tropezar con una de estas tantas casualidades y descubrir así a un nuevo amiguísimo, a un escritor interesante o al amor de mi vida, quién sabe lo que se cuece allí fuera.

Nunca había encontrado un anuncio que hiciera referencia a la ciudad donde vivo, ni mucho menos a uno de los lugares por los que me muevo tan habitualmente. La biblioteca de Cádiz.
En seguida he recordado el ambientazo que tiene este lugar en plena época de exámenes, y la manera de distraernos de los que permanecemos dentro. Deberíamos quizá crear un tablón de anuncios y titularlo “punto de encuentro”. Cuántas sonrisitas entre apunte y apunte. Se sustituyó el clásico de “¿tienes fuego?” por “¿podrías prestarme un lápiz, por favor?”.
No sería la primera vez que me escribo notitas con algún desconocido, que me esperan a la salida, o que están pendiente de mi hora de descanso. Y todo tan fácil como sentarte con un libro entre las manos.
De hecho, alguna que otra buena amistad nació allí; y si me sincero, una noche, después de muchas tardes haciendo el tonto, yo y mi nueva amistad abandonamos los libros para marchar a mi casita con una buena película, y es de suponer en lo que desemboca una gran película una noche de estudio con tan buena compañía.

La cuestión es que lo había olvidado, y en seguida me han entrado ganas de que sea invierno y tener deberes que hacer entre el calor de los libros de consulta.
Así que en un ratito me ataré mis zapatillas, cogeré mi bicicleta, meter
é en la mochila Rayuela ahora que me he desviado un poco hacia el mundo de las casualidades, y me dirigiré al punto de encuentro que es mi biblioteca.

Friday, 27 July 2007

Situaciones temporales

Mi último año de vida ha sido, en resumen, una constante sucesión de situaciones temporales; o mejor dicho, mi vida es una constante sucesión de situaciones temporales; o... ¿es la vida un eterna sucesión de situaciones temporales?

Wednesday, 25 July 2007

Querida cámara fotográfica:

He decidido escribirte porque últimamente te noto algo triste.
Ya no eres la de antes. Tu flash apenas se enciende; tu rugido cuando intento adaptar el zoom me asusta, ya no es leve y elegante, no suena igual que el aleteo de un mosquito como en los viejos tiempos, pareciera que pretendes emular a un abejorro o moscardón, y no lo entiendo. Quizá te acatarraste, reconozco que desde que perdí tu funda no te he dado ningún otro abrigo, y lo mismo te expongo al pleno sol durante horas, que te dejo olvidada en el rincón más frío de mi habitación. Siempre te llevo en la mochila como quien lleva cualquier cosa y puede que te haya entrado algo de arenilla, creo que el problema de tu rugir surgió tras esa tarde que pasamos juntas haciendo fotos en la playa, y claro como soy tan descuidada…
No obstante, no es el sonido que haces lo único que me preocupa.
Yo sé que eres una compacta, y que demasiado bien nos ha ido hasta el momento. Pero no entiendo por qué estos días atrás has tomado las fotos faltas de brillo y contraste, así como quién no quiere la cosa.
Y ni que decir tiene lo de los ojos rojos, tú nunca has hecho algo así.

Definitivamente, tras horas y horas de reflexión, llegué a la conclusión de que puede que oyeras mi intención de hacerme con una reflex digital, con un objetivo en condiciones, un buen flash, estética, apreciada y valorada por buenos fotógrafos, y además, procedente de una familia distinta a la tuya, otra marca, los señores Canon.
Si es que llegó a ti el rumor, quiero que sepas, que mi próxima adquisición no se interpondrá en nuestra relación, que a pesar de todo entiendo tu dolor y tu sentimiento de venganza.

Pase lo que pase, tú siempre serás mi pequeña compacta, la que cabe en mi bolsillo y me ha acompañado todo este tiempo. ¿Recuerdas las de historias que vivimos juntas, tú sobre mi mano? ¿Todos aquellos momentos especiales de mi vida, que tú, con tu pequeño objetivo capturaste?
Nunca me importó que tu flash no fuera gran cosa, que te costara sacar fotos en movimiento y que agotaras tu batería en un par de horas. Debes saber que para mí todo eso ocupó un plano secundario en nuestra relación. Lo que realmente importa, es esa pasión que nos une por el mundo de la fotografía. Me has hecho temblar con más de una foto.
Para mí eres una de las cosas más hermosas que me ha sucedido, me arrastraste a tu universo de lentes, mis dedos encajaron enseguida con cada uno de tus botones.
No quiero perderte, pequeña.